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  • Mushotoku

    En el Zen, Mushotoku significa «espíritu sin provecho»: actuar sin esperar nada a cambio, sin recompensa…. Este principio es el corazón del Zazen.

    Cuando te sientas a practicar Zazen, la mente suele buscar beneficios: paz, calma o progreso espiritual. Sin embargo, el verdadero Zazen no es un medio para un fin. No te sientas “para” conseguir algo; cuando te sientas ya eres completo. Mushotoku te invita a soltar la ambición del ego que desea acumular experiencias.

    Practicar Mushotoku es comprender que la acción es su recompensa. Es como respirar: no respiras para obtener algo, simplemente respiras. Al abandonar la búsqueda de resultados, tu mente se aquieta de forma natural y Zazen se vuelve puro, libre y despierto. Así, paradójicamente, cuando no buscas nada, todo el universo se manifiesta en tu postura. Sentarse sin ganancia es el mayor éxito del Zazen.

  • La mirada

    Durante Zazen, la mirada no busca ver, sino simplemente ser. A diferencia de otras prácticas que cierran los ojos para profundizar en el interior, Zen propone mantener los ojos entreabiertos, dejando que la luz entre de forma natural. Los ojos se dirigen suavemente en frente, en un ángulo aproximado de 45 grados, sin fijarse en ningún punto concreto.


    Esta mirada desenfocada y periférica es el puente hacia la no dualidad: no hay un sujeto que observa activamente un objeto, sino una presencia unificada. Al no cerrar los ojos, evitamos el letargo y las proyecciones mentales; al no mirar fijamente, evitamos la distracción y el juicio. Es una visión en la que la atención lo ocupa todo sin preferencias. Así, la mirada se convierte en un espejo de la mente: abierta, estable y en perfecta paz con lo que surge. Tiene un papel fundamental en la experiencia del observador.

  • La actitud mental

    La actitud mental en zazen no es buscar un estado especial ni dejar la mente en blanco, sino cultivar una presencia alerta y sin esfuerzo. Se trata de adoptar la “mente de no buscar”: la práctica es el objetivo, no un medio para obtener algo.

    Cuando surgen pensamientos —que siempre surgen— no te aferres a ellos. Déjalos pasar como nubes, sin seguirlos ni juzgarlos. La atención se apoya suavemente en la respiración y la postura erguida, con un esfuerzo equilibrado: ni tenso ni disperso.

    La clave es la aceptación radical de lo que aparece (ruido, picor, calma) sin querer cambiarlo. Mente y cuerpo son uno: la columna recta sostiene una mente despierta, y la respiración abdominal la calma naturalmente.

    En resumen: siéntate, respira, y cuando te distraigas, vuelva a la respiración. Una y otra vez, sin enfado. Eso es todo.

  • La respiración

    A la pràctica del Zen, la respiració (Anapanasati) és el pont que uneix el cos i la ment, allò material i allò espiritual, allò exterior i allò interior. És una activitat semivoluntària, respirem automàticament però podem modelar aquest automatisme, i la seva acció té efectes sobre el cos. Modifica els gasos al sistema circulatori i per tant al sistema nerviós i actua mecànicament sobre el ventre, fent un massatge al seu contingut, cosa que repercuteix a lhara, a uns centrimetres sota el melic.

    La respiració és diafragmàtica (abdominal) en comptes de la respiració toràcica quotidiana. L’espiració és llarga i profunda, deixem anar tot l’aire fins al final, augmentant la pressió a l’hara. la inspiració següent es produeix de manera natural i espontània, sense esforç (elàstica).

    En posar l’èmfasi en una espiració llarga i tènue des de l’hara, frenem les tensions i els pensaments compulsius. No busquem controlar l’aire, sinó permetre que el cos respiri a través nostre. Postura i respiració formen una unitat indissociable: una postura correcta facilita una respiració correcta, i una respiració correcta condueix a un silenci interior on l’ego finalment s’esvaeix.

  • El silencio

    “Cuanto más hablas y piensas acerca de ello, más te alejas de la verdad. Deja de hablar y de pensar y no habrá nada que no puedas saber”, del Shin Jin Mei.

    El zen se basa en la práctica, en el zazen, en la meditación sentada. Esta práctica produce conocimiento, la interpretación cognitiva de la experiencia meditativa. Pero no debemos confundir ambas cosas. El silencio y la quietud nos corrigen la ignorancia, que es la fuente de la avidez y del odio, y nos hacen ver las cosas tal como son. Los conocimientos adquiridos mediante lecturas, conferencias y entrevistas nos pueden aproximar a esta visión pero no pueden sustituirla. Los conocimientos sobre técnica deportiva no sustituyen un buen entrenamiento, las charlas gastronómicas no sustituyen una buena comida.