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  • Hishiryo

    Hishiryo, concepto central del budismo Zen Soto, se traduce como «no-pensar» o «pensar sin pensar». No designa una mente vacía ni la ausencia de pensamientos, sino un estado de conciencia que trasciende el pensamiento discursivo y conceptual. Surge del célebre diálogo entre el maestro Yaoshan y un monje: cuando este preguntó cómo se piensa en no-pensar, el maestro respondió simplemente «no-pensando».
    En la práctica de zazen, hishiryo implica abandonar juicios, cálculos y comparaciones mentales, sin pretender detener la actividad del intelecto, pues la idea misma de «no tener pensamientos» sigue siendo un pensamiento. Es una atención pura, no dual, donde el practicante se funde con el momento presente. Dogen Zenji enseñaba que hishiryo no se comprende con la razón, sino que se manifiesta naturalmente cuando cuerpo y mente se estabilizan en la meditación. Es presencia plena, más allá de toda conceptualización.

  • El mudra cósmico

    Mudra Cósmico

    El mudra cósmico es un componente estructural, atencional y neurobiológico fundamental durante el zazen, donde el cuerpo y la mente se unifican.

    Físicamente, estabiliza la postura en el tándem (en el bajo vientre), relajando los hombros y optimizando la respiración diafragmática. Psicológicamente, actúa como un barómetro de la atención: si los pulgares se separan, existe distracción o somnolencia; si se presionan con fuerza, reflejan tensión o agitación. El contacto sutil y constante entre ellos exige una propiocepción milimétrica que modula la corteza somatosensorial y ayuda a acallar la red neuronal por defecto, disminuyendo la rumiación mental.

    Al cerrar los brazos en un óvalo elíptico, se completa un circuito bioeléctrico que potencia el tono parasimpático y la calma profunda. Filosóficamente, este gesto simboliza el vacío y la disolución de la dualidad, convirtiendo al mudra no en un mero accesorio, sino en la manifestación viva de la mente ecuánime del practicante.

  • Mushotoku

    En el Zen, Mushotoku significa «espíritu sin provecho»: actuar sin esperar nada a cambio, sin recompensa…. Este principio es el corazón del Zazen.

    Cuando te sientas a practicar Zazen, la mente suele buscar beneficios: paz, calma o progreso espiritual. Sin embargo, el verdadero Zazen no es un medio para un fin. No te sientas “para” conseguir algo; cuando te sientas ya eres completo. Mushotoku te invita a soltar la ambición del ego que desea acumular experiencias.

    Practicar Mushotoku es comprender que la acción es su recompensa. Es como respirar: no respiras para obtener algo, simplemente respiras. Al abandonar la búsqueda de resultados, tu mente se aquieta de forma natural y Zazen se vuelve puro, libre y despierto. Así, paradójicamente, cuando no buscas nada, todo el universo se manifiesta en tu postura. Sentarse sin ganancia es el mayor éxito del Zazen.

  • La mirada

    Durante Zazen, la mirada no busca ver, sino simplemente ser. A diferencia de otras prácticas que cierran los ojos para profundizar en el interior, Zen propone mantener los ojos entreabiertos, dejando que la luz entre de forma natural. Los ojos se dirigen suavemente en frente, en un ángulo aproximado de 45 grados, sin fijarse en ningún punto concreto.


    Esta mirada desenfocada y periférica es el puente hacia la no dualidad: no hay un sujeto que observa activamente un objeto, sino una presencia unificada. Al no cerrar los ojos, evitamos el letargo y las proyecciones mentales; al no mirar fijamente, evitamos la distracción y el juicio. Es una visión en la que la atención lo ocupa todo sin preferencias. Así, la mirada se convierte en un espejo de la mente: abierta, estable y en perfecta paz con lo que surge. Tiene un papel fundamental en la experiencia del observador.

  • La actitud mental

    La actitud mental en zazen no es buscar un estado especial ni dejar la mente en blanco, sino cultivar una presencia alerta y sin esfuerzo. Se trata de adoptar la “mente de no buscar”: la práctica es el objetivo, no un medio para obtener algo.

    Cuando surgen pensamientos —que siempre surgen— no te aferres a ellos. Déjalos pasar como nubes, sin seguirlos ni juzgarlos. La atención se apoya suavemente en la respiración y la postura erguida, con un esfuerzo equilibrado: ni tenso ni disperso.

    La clave es la aceptación radical de lo que aparece (ruido, picor, calma) sin querer cambiarlo. Mente y cuerpo son uno: la columna recta sostiene una mente despierta, y la respiración abdominal la calma naturalmente.

    En resumen: siéntate, respira, y cuando te distraigas, vuelva a la respiración. Una y otra vez, sin enfado. Eso es todo.

  • La respiración

    A la pràctica del Zen, la respiració (Anapanasati) és el pont que uneix el cos i la ment, allò material i allò espiritual, allò exterior i allò interior. És una activitat semivoluntària, respirem automàticament però podem modelar aquest automatisme, i la seva acció té efectes sobre el cos. Modifica els gasos al sistema circulatori i per tant al sistema nerviós i actua mecànicament sobre el ventre, fent un massatge al seu contingut, cosa que repercuteix a lhara, a uns centrimetres sota el melic.

    La respiració és diafragmàtica (abdominal) en comptes de la respiració toràcica quotidiana. L’espiració és llarga i profunda, deixem anar tot l’aire fins al final, augmentant la pressió a l’hara. la inspiració següent es produeix de manera natural i espontània, sense esforç (elàstica).

    En posar l’èmfasi en una espiració llarga i tènue des de l’hara, frenem les tensions i els pensaments compulsius. No busquem controlar l’aire, sinó permetre que el cos respiri a través nostre. Postura i respiració formen una unitat indissociable: una postura correcta facilita una respiració correcta, i una respiració correcta condueix a un silenci interior on l’ego finalment s’esvaeix.

  • Postura

    En el Soto Zen la postura es el fundamento de la práctica. Sin la correcta postura no hay zazen. Sobre la sólida base formada por el trípode rodillas-isquiones (loto, medio loto, birmana, seiza) , con la pelvis basculada hacia delante, se eleva la columna vertebral con plena verticalidad. Se completa esta posición con la nuca estirada y el mentón recogido. Los hombros se echan hacia atrás, expandiendo el tórax y relajando el abdomen, de modo que el centro de gravedad se sitúa un poco por debajo del ombligo, en el hara. A esta altura se forma con las manos el mudra cósmico: los dedos de la mano izquierda sobre la derecha, los pulgares tocándose suavemente formando un semióvalo, ni montaña ni valle. Esta postura se completa con la boca cerrada, dientes en contacto aunque con la mandíbula relajada, la lengua pegada al paladar, detrás de los incisivos, y la mirada desenfocada con una inclinación de 45 grados.


    La postura correcta lleva a la respiración correcta, y ésta a la actitud mental correcta, todo ello base del zazen.

  • Dia Mundial de la Meditación

    En noviembre de 2024, la ONU declaró el 21 de diciembre Día Mundial de la Meditación. Esto evidencia el reconocimiento de este organismo sobre la importancia de la meditación para el desarrollo humano. Tal y como podemos ver en su web (https://www.un.org/es/observances/meditation-day), esta práctica beneficia tanto al individuo, a nivel físico y mental, como a la colectividad, fomentando el altruismo.

    Desde Dojo Zen Castelló, nos sumamos a la iniciativa expresada en https://www.diamundialdelameditacio.org/ participando en varios actos.

    El domingo 21 realizaremos una meditación simbólica en el parque Rafalafena. Nos reuniremos en las inmediaciones de la cafetería El Rinconet hacia las 11:30 de la mañana.

    El martes 23 realizaremos una Meditación por la Paz en Yoga Castellón en el horario habitual, a las 20 horas.

    Las personas interesadas en más información pueden dirigirse a Yoga Castellón, calle Barrachina 75, o entrar en https://dojozencastello.es/contacto/

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  • La no-elección

    «De hecho, es debido a nuestra elección de aceptar o rechazar que no vemos la verdadera naturaleza de las cosas.», del Shin Jin Mei.
    Esta estrofa destaca ciertos aspectos de la interacción del hombre con su entorno. Por un lado, expresa la dualidad con la que percibimos los fenómenos. Clasificamos las experiencias, pensamientos, objetos, en buenos o malos, agradables o desagradables, feos o bonitos. Esta categorización nos lleva al apego o aversión. Intentamos conseguir lo que nos gusta y evitar lo que nos disgusta. Esta visión y conducta crean una separación entre nuestra mente y la realidad tal y como es. Es como si pusiéramos un filtro de preferencias personales a la hora de observar el mundo. Cuando dejamos de elegir, aceptar o rechazar, cuando cedemos a ese impulso, la mente se vuelve clara, diáfana y no discriminatoria. En este estado de ecuanimidad y no elección es donde se revela la verdadera naturaleza de las cosas también llamada Talidad o Tathata, es la realidad no-dual, completa y perfecta.

  • El silencio

    “Cuanto más hablas y piensas acerca de ello, más te alejas de la verdad. Deja de hablar y de pensar y no habrá nada que no puedas saber”, del Shin Jin Mei.

    El zen se basa en la práctica, en el zazen, en la meditación sentada. Esta práctica produce conocimiento, la interpretación cognitiva de la experiencia meditativa. Pero no debemos confundir ambas cosas. El silencio y la quietud nos corrigen la ignorancia, que es la fuente de la avidez y del odio, y nos hacen ver las cosas tal como son. Los conocimientos adquiridos mediante lecturas, conferencias y entrevistas nos pueden aproximar a esta visión pero no pueden sustituirla. Los conocimientos sobre técnica deportiva no sustituyen un buen entrenamiento, las charlas gastronómicas no sustituyen una buena comida.