
“De hecho, es debido a nuestra elección de aceptar o rechazar que no vemos la verdadera naturaleza de las cosas.”, del Shin Jin Mei.
Esta estrofa destaca ciertos aspectos de la interacción del hombre con el entorno. Por un lado, expresa la dualidad con que percibimos los fenómenos. Clasificamos las experiencias, los pensamientos, los objetos, en buenos o malos, agradables o desagradables, feos o bonitos. Esta categorización nos lleva al apego o la aversión. Intentamos conseguir aquello que nos gusta y evitar aquello que nos disgusta. Esta visión y conducta crean una separación entre nuestra mente y la realidad tal como es. Es como si pusiéramos un filtro de preferencias personales a la hora de observar el mundo. Cuando dejamos de elegir, aceptar o rechazar, cuando cedemos a este impulso, la mente se vuelve clara, diáfana y no discriminatoria. En este estado de ecuanimidad y no elección es donde se revela la verdadera naturaleza de las cosas también llamada Talidad o Tathata, es la realidad no-dual, completa y perfecta.